Las tres de la tarde, el Ágora de la Universitat bulle de ajetreo, hoy es la entrega de diplomas a la promoción de Majors que empezó las clases hace tres años. Dicen que ha sido una de las mejores que han pasado hasta ahora por las clases de Majors. Para alguno ha sido una de sus mejores experiencias, por lo que pretende seguir asistiendo unos años más, si las plazas no se acaban. Resguardándose del sol que casi derrite los azulejos del guante dibujado en el centro del Ágora, los Mayores, a la sombra que proyectan los edificios comerciales que rodean la Plaza, intentan colocarse la banda azul que llevarán cuando suban a recoger su diploma. Mientras unos llevan el escudo de la Universitat a la izquierda, otros se lo han puesto a la derecha. Por allí va Pepe intentando poner a todos de acuerdo, una tarea harto difícil, a esta edad cada uno tiene las ideas instaladas y hacerle cambiar puede ser algo peliagudo. Aunque en honor a la verdad, todo el grupo se muestra colaborador intentando que la posición del escudo sea lo más homogénea posible. A pesar de su edad, la ilusión que reflejan sus rostros nos hace pensar que para creer en algo y llevarlo a cabo, los años que uno tiene, poco o nada van a influir en una decisión. Muchos de los que hoy esperan con impaciencia la entrada al Paraninfo, hace tres años les pareció imposible poder llegar a fin de curso. Estaban tan lejos entonces, esos tres años que, pensar en ellos, era a modo de una fantasía de senectud, que aparecía en el ocaso de sus vidas, como el último y postrero intento de longevidad. Todo, los miedos de los primeros días, las dificultades, las inquietudes, todo lo dan por bien empleado, todo ha valido la pena. Nadie se acuerda de lo pasado, ahora solamente importa entrar y recoger el diploma que les acredite como Universitaris Seniors. Algunos fardarán delante de sus amigos, otros, más discretos, le pondrán un marco y lo colgarán en su cuarto. Puede que haya quiénes lo guarden en un cajón para siempre jamás, pero hoy, todos esperan con la misma ilusión. Tal vez el justificante de asistencia que van a recibir, no tenga validez oficial, pero para todos aquellos que no pudieron acabar sus estudios y que jamás obtuvieron diploma alguno, éste que esperan recibir hoy, lo recogerán y hasta lo abrazarán, como un premio a su perseverancia. ¡Al fin un diploma! Hubo “amigos” que quisieron disuadirles. Los menos. A tú edad ¿qué necesidad tienes de complicarte la vida? Asimismo, otros, que no se atrevieron a matricularse, les admiraban. Por eso hoy el Paraninfo estará lleno a rebosar de familiares y amigos que quieren estar con ellos, para cuando recojan el diploma, aplaudirles como si hubiesen realizado una proeza. Algunas alumnas se han colocado sus mejores galas, los hombres llevan traje y corbata. A mí me recuerdan los colegiales ingleses el día de fin de curso, con sus trajes y sus vestidos de fiesta, hasta tienen –salvando las distancias- el mismo aspecto. Yo te coloco la corbata, tú me arreglas la banda. Déjame una horquilla, toma mi sombra de ojos. Todos intentan ayudarse, la unión del grupo es total. Durante estos tres años han ido conociéndose y con la tolerancia que da la edad, se han formado buenos amigos y entrañables amigas, que posiblemente, traspase las puertas, más allá de la Universitat. Todos se han unido y se dirigen a la escalinata del Ágora a posar para la foto oficial, la que enseñarán orgullosos a las amistades y seguramente, más de uno, la colgará enmarcada en la pared de su cuarto. Hace unos días se fotografiaron individualmente para confeccionar la Orla que, como la foto de grupo, alguno penderá, naturalmente enmarcada, de algún clavo en la pared de su casa-¿les quedará sitio?- Allí donde se vea al entrar. El Paraninfo, le llamo así porque estamos en una Universidad, igualmente, por lo bien que suena: ¡Paraninfo!- se va a quedar pequeño. En la puerta de entrada, entre la gran multitud que espera, hemos visto a los nietos y a sus hijos que hacen cola cerca de la entrada, previniendo la gran avalancha de familiares y amigos que se imaginaban que vendrían. Los alumnos van entrando y colocándose cada uno en el sitio- salvo algún despistado- asignado anteriormente en el ensayo. Una vez hecho el silencio, empiezan los discursos. Hoy, solamente, describiremos el discurso que Pepe pronunció antes de recoger los diplomas y después de la relación de la responsable de los Majors, la cual detalló, entre otras cosas, los logros conseguidos durante este curso. El discurso no debía sobrepasar los quince minutos de duración. Pepe se tomó una pastilla tranquilizante antes de llegar a la Universitat y se encontraba sentado en la tercera fila del Paraninfo, escuchando con mucho interés los discursos de los profesores y el de la alumna del otro grupo, cuando el Rector pronunció su nombre. Con paso decidido pero inquieto, se encaminó hacia el estrado, el cadalso, le decía un amigo. Muchas habían sido las dudas durante los días posteriores a su nominación como representante de la clase. Trataba de escribir algo agradable, no muy serio pero a la vez importante, que reflejara todo lo que había sentido y experimentado a lo largo de estos años. No contaba con mucho tiempo, por eso debía abreviar y reducir en lo posible, todo lo que quería contar, lo que había vivido, sentido y endulzado su estancia en la Universitat, especialmente en el aula de la cual formaba parte. La confianza que depositaron sus compañeros, no debía quedar defraudada. Muchas veces su amigo le decía que lo habían escogido a él para quitarse una responsabilidad, ya que sabían que él no se atrevería a decir que no. A lo que Pepe respondía que lo estaba deseando desde que oyó el primer discurso cuando llevaban un año de clase. He aquí el discurso, reproducido tal cual Pepe lo leyó el día 18 de Junio del año de gracia de……

Desde muy pequeño, cuando todavía se escribían cartas a los familiares para saber de ellos, recuerdo que mi padre empezaba con esta frase: Como pasa el tiempo, parece que fue ayer. Una frase quizás muy socorrida pero siempre actual. Hoy, para mí, más que nunca ya que hace tres años, ante mis muchas dudas e indecisiones, mi esposa me dio un empujón para que viniera a matricularme a la Universidad. Hace tres años llegué a la Universidad y después de mucho buscar y preguntar, cuando por fin encontré la oficina de los mayores, otra mujer me abrió las puertas y con razonamientos irrebatibles, me convenció para que lo hiciera. Desde aquí, quiero darles las gracias públicamente, porque imaginaros que estas dos mujeres no me hubiesen convencido, no os hubiese conocido. El conoceros me ha enseñado mucho. Hoy me veis aquí gracias a la deferencia de los compañeros de clase, pero también es un reto para mí, pues les cames em tremolen com dos castañoles. Los primeros días de clase, a la hora del recreo, yo deambulaba por los pasillos sin saber qué hacer ni a dónde ir. Aunque a algunos os cueste creerlo. Hasta que un día al salir del aula en compañía de un compañero éste se presentó de esta manera: Yo soy Conde. Lo que me faltaba un aristócrata entre nosotros, pensé. Pero seguramente mi cara no pudo disimular la extrañeza y al mirarme se apresuró a decir, Paco, Paco Conde. Este fue el punto de partida para ir conociendo al resto, tanto compañeros como compañeras, que han resultado ser, (emulando a uno de los profesores) extraordinarios, excepcionales, maravillosos, singulares, sorprendentes, admirables, unos estupendos camaradas. Lo que hago extensible a los compañeros de otras clases y otros cursos. Pero sobre todo ha sido en los viajes, lo que la UJI llama: les activitats de dinamitzacio socio-cultural, donde verdaderamente los alumnos hemos llegado a conocernos. Yo siento una especial inclinación hacia el primer viaje. Por ser el primero y porque me hizo recordar los años que de joven viví en Valencia. El barrio de Ruzafa, donde fuimos a comer, en él mi padre poseía un negocio. El mismo barrio en el que Cañamel pasaba temporadas recuperando la salud perdida. Aquí empecé verdaderamente a conocer a los compañeros y a saber sus nombres, muchos de ellos homónimos a los de mi familia. Así a través del tiempo, hemos podido viajar desde el Muvim, donde podíamos imaginar el futuro, hasta Teruel para ver el estilo Mudéjar y encontrarnos en la edad media. Entre estos dos, que fueron el primero y el último viaje, como conquistadores de la historia, ávidos de saber, hemos entrado en conventos y abadías, iglesias y catedrales, museos y pinacotecas. Hemos subido a torres y campanarios, hemos “conquistado” castillos descendido a sus mazmorras y visitado sus calabozos. Hemos visto pinturas del Medievo, del renacimiento, impresionistas y contemporáneas, hasta hemos observado un cuadro colgado boca abajo, aquel de Felipe V. Hemos observado diversos estilos de arquitectura, arcos de medio punto, tumbas de reyes y reinas, cuevas prehistóricas… Imposible enumerar todo lo que nuestros ojos han podido contemplar. Y en el centro mismo de toda esta amalgama cultural, como el estallido de una carcasa, surgió, el viaje a Salamanca. El intercambio de estudiantes de la Universitat per a Majors de Castelló y la Universidad de la Experiencia de Salamanca. Para los que apenas fuimos a la escuela y la Universidad ni la pudimos soñar, esa semana en la Universidad Pontificia, asistiendo a las clases por las que han pasado tantos personajes ilustres, esas aulas cuya denominación está dedicada a personas que han dejado escrito su nombre en la historia, esas aulas llenas de cultura, llenas de saber, fue una experiencia difícilmente olvidable. Y así entre clases de filosofía, de ciencia, de derecho, de historia, de antropología, de redacción, de técnicas de estudio, de economía, estudiando la constitución llegamos a final de curso y de ciclo. Aunque entre tanto saber hemos tenido tiempo, por lo menos intentado, para aprender tay-Chi, y los que no sabíamos, hasta hemos dado unos pasos de baile. Nos han enseñado a caminar, hemos podido aprender el significado de palabras tan extrañas como Icónica, predela, acículas, restinga, mastaba, ramonear, implosión, agrosilvapastoril, etc.etc. Hemos podido discutir con el profesor la fecha del himno francés, nos informaron y tranquilizaron del peligro de una pandemia de gripe, hasta hemos cotilleado en la historia y así nos hemos enterado que al Arcipreste de Hita le gustaban las mujeres pequeñas. Vale… Muchos de vosotros, comprendiendo lo importante que es para nuestro bienestar, habéis ido a la repoblación forestal. Hace ya casi o tal vez más de cien años un poeta llamado Rabindranath Tagore le dedicó un poema al árbol, hoy quiero dedicaros una estrofa a todos los que desinteresadamente fuisteis a estas repoblaciones. Viajero escucha:

Yo soy la tabla de tu cuna
La madera de tu barca
La puerta de tu casa
Yo soy el mango de tu azada
El bastón de tu vejez.

Si solamente los seres humanos poseemos cultura y ésta es transmitida a través de la enseñanza, pensad la que hemos podido adquirir durante estos años en la Universitat per a Majors. Si nadie puede afirmar que al envejecer se pierde la capacidad de aprender, creo que los alumnos que asistimos a la Universitat per a Majors, lo podemos corroborar. Hemos visto enriquecido nuestro saber, nuestra cultura se ha ampliado y nuestros horizontes, ahora, no tienen límite. Y como el tiempo no se detiene y sigue corriendo, antes de terminar quiero dedicar un recuerdo al compañero que nos dejó y con todas las energías que puedan quedarme, pedir un deseo: Que la memoria no nos abandone, que podamos conservarla siempre y así todo lo que durante estos años hemos aprendido, todos los recuerdos que día a día, han ido acumulándose en nuestra mente, podamos exteriorizarlos y contárselos a todo aquel que quiera oírlos.

Les cames han deixat de tremolar.
Aixo vol dir que ja hei acabat.
Moltes gracies per haverme escoltat.

Honorio Chércoles. Postgrado Filosofia, Literatura y Música