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Foto nº 1 Máquina Mignon
Foto nº 2 Máquina Oliver

Historia

Dada la rapidez con la que los inventos se suceden hoy en día, puede parecernos que toda la vida han existido estas máquinas, pero no es así, su vida útil ha sido relativamente corta pues nuevos ingenios han venido a suceder a la máquina de escribir clásica.

Todo aquél que haya sido mecanógrafo recordará la gran ventaja que suponía su rapidez y excelente presentación del trabajo, aunque existieran pequeños inconvenientes que podían amargar al más experto: la dificultad de corregir los errores, el engorro del papel carbón y el número limitado de copias de buena calidad que se podían obtener, el exceso de velocidad que hacía engancharse los tipos, además algunos de estos perforaban el papel tras una pulsación demasiado fuerte, y por encima de todo la delicada tarea de cambiar la cinta, asunto que acababa manchando no solo nuestras manos si no también la ropa a poco que nos descuidáramos.

Hoy tenemos a nuestra disposición ordenadores que con un sencillo programa de tratamiento de textos nos permiten construir verdaderas maravillas, dignas de la mejor de las imprentas. La única herencia que han recibido de las máquinas clásicas es el teclado qwerty, que por lo pronto todavía no ha tenido sustitución. Quien sabe si algún día podremos escribir en el ordenador al dictado, sin necesidad del teclado, la informática nos depara sorpresas continuamente.

Pero no siempre fue así. Si bien existe constancia de una primera patente en Inglaterra en 1714, ninguno de los artefactos que se desarrollaron tuvo efectos prácticos hasta 1868, año en que Christopher Sholes patentó una máquina que fue fabricada por la firma E. Remington and Sons, de Ilion, Nueva York y salió al mercado en 1873. En aquellos años Remington se dedicaba a fabricar máquinas de coser, y compró la patente por la escalofriante cifra de 12.000 dólares. Esta especialización de Remington hizo que los primeros modelos de máquina de escribir salieran al mercado montados sobre un bastidor de máquina de coser.

La máquina de Sholes fue el pistoletazo de salida para que inventores y fabricantes pusieran en el mercado modelos que hoy nos parecen extravagancias. Tenemos en mente que cada tecla corresponde a un tipo, pero existieron teclados circulares, tipos en anillos, bolas o cilindros de metal, teclados estáticos con un punzón para señalar la letra, todos fueron experimentándose hasta alcanzar el modelo estándar que hemos venido utilizando. Baste recordar que al principio las máquinas llevaban solo mayúsculas, y la escritura no era visible hasta que al haber rellenado varios renglones el papel iba ascendiendo por el rodillo.

Poco a poco el mercado hizo desaparecer a los menos eficientes, consolidando únicamente los modelos verdaderamente prácticos, que acabaron pareciéndose entre sí como dos gotas de agua, todos con el teclado qwerty normalizado. Los avances industriales propiciaron que pronto apareciera la máquina eléctrica, en la que un motor sustituía la fuerza de los dedos del mecanógrafo, consiguiendo unas pulsaciones homogéneas y mayor velocidad de escritura. Pero incluso estos modelos son hoy arqueología industrial, como lo son estos dos que hoy les presentamos.

Algunos ejemplos

La foto nº 1 nos muestra una máquina AEG Mignon, máquina sin teclado que se fabricó a partir de 1904. Su funcionamiento puede parecernos extraño: con la mano izquierda se selecciona la letra apuntando con el punzón, y con la derecha se oprime la tecla que hará bajar el cilindro que lleva los tipos y golpear el papel. Con un poco de práctica se superan fácilmente las cien pulsaciones por minuto. El cilindro de los tipos es intercambiable, por lo que con la misma máquina se pueden imprimir distintos clases de letras en el mismo papel, igual que haríamos hoy con el ordenador. Curiosamente esta máquina se siguió fabricando hasta 1934, en mi opinión por que no es necesario ser mecanógrafo para utilizarla con soltura.

La foto nº 2 presenta una Oliver, inventada por el Ministro Metodista Thomas Oliver y fabricada en Chicago a partir de 1897. Thomas inventó la máquina con idea de imprimir sus sermones y que resultaran más legibles. Las barras porta tipos están por encima del carro, con forma de U invertida, la mitad en cada extremo, y golpean hacia abajo. Si bien en la guerra comercial fue superada por el sistema Underwood, con las barras porta tipos golpeando de abajo arriba que tan familiares nos resultan, llegaron a fabricarse más de un millón de unidades de este modelo. La firma quebró en 1928 aunque sus activos fueron adquiridos por inversores ingleses (The British Oliver Typewriter Company) que continuaron fabricándola hasta 1959. La máquina de la fotografía lleva las teclas de marfil.